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En la historia del descubrimiento de las vitaminas fueron claves algunos experimentos realizados entre los años 1913 y 1915. En este período se produjo la identificación de dos extractos, uno capaz de disolverse en aceite y otro capaz de disolverse en agua, que contenían sustancias necesarias para el crecimiento de las ratas de laboratorio. Fueron llamadas “Factor A” y “Factor B” respectivamente, teniendo cada una, propiedades nutricionales diferentes.
Se creyó que el “Factor B” contenía una única molécula, que fue bautizada inicialmente como “vitamina B”. Pero al poco tiempo la comunidad científica se percató de que, cuando se procedía a extraer la vitamina B, en realidad había más de una molécula en el producto obtenido. La clave para demostrar que había más de una vitamina en el factor B estaba en el calentamiento del extracto: el extracto sin calentar era capaz de prevenir y curar dos enfermedades diferentes, beri beri y pelagra, pero luego del calentamiento el extracto sólo servía para la pelagra. Esto indicaba que había allí al menos dos moléculas, una termolábil (se destruye con calor) y otra termoestable. Se denominó Vitamina B1 o Tiamina al termolábil, y Vitamina B2 al termoestable.
Los experimentos con la dieta de los animales y humanos continuaron, y se demostró que la vitamina B2 no era una única sustancia estable al calor, sino varias. Con el tiempo los científicos descubrieron que este “complejo B2” contenía la Riboflavina, que mantuvo el nombre de vitamina B2, el Ácido Pantoténico (B3), la Niacina (B3 o B5 según fuentes) y la Piridoxina (B6).
Pues de fuentes diferentes a la de este complejo vitamínico B, pero como todas son solubles en agua, cuando se sospechaba que un extracto acuoso contenía una vitamina nueva se la bautizaba como “B”, hasta que se fueron conociendo sus estructuras y bautizando con “nombre propio”. Como algunas veces más de un grupo de investigación estaba estudiando una misma vitamina sin saberlo, han habido sustancias “bautizadas” más de una vez. Así, para cuando llegamos a los años 50, ya se conocían las siguientes vitaminas B:
A lo largo de este camino de descubrimiento hubo moléculas que fueron bautizadas como “vitaminas B” pero luego se descubrieron que no eran realmente vitaminas. Hoy ya no se las llama vitaminas, porque no cumplen las características que debe cumplir una molécula para ser considerada vitamina, pero te dejamos entre paréntesis su antiguo nombre “B” para que lo conozcas. Entre ellas contamos:
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