El ácido sulfúrico es una molécula compuesta de hidrógeno, azufre y oxígeno. Su fórmula es H2SO4 que se tratan de dos moléculas de hidrógeno que se unen con una de azufre y cuatro de oxígeno para formar un compuesto muy ácido, altamente corrosivo y muy necesario para varias aplicaciones industriales.
Tan necesario es, que el desarrollo industrial de un país se puede medir en su consumo: cuanto más ácido sulfúrico utiliza, más industrializado está el país en cuestión. Te contamos para qué se utiliza y por qué hay que tener cuidado con este ácido.
El ácido sulfúrico es un líquido aceitoso y viscoso, sin color ni olor. Históricamente se le llamó aceite de vitriolo: los vitriolos eran minerales que hoy sabemos que contienen azufre y, al trabajarlos de la manera adecuada, daban origen al ácido sulfúrico. Hoy en día encontramos en el mercado ácido sulfúrico obtenido de manera industrial de diferentes grados de pureza, desde casi puro (98%) hasta muy diluido. Trabajarlo cuando está en estado puro o muy concentrado requiere precauciones, ya que es altamente corrosivo y al mezclarlo con agua de la manera equivocada puede causar salpicaduras espontáneas y emisiones de vapor.
Este ácido es importante en muchas áreas, pues es parte de las reacciones químicas que dan lugar a:
Y un largo etcétera… sin el ácido sulfúrico el mundo sería diferente a como lo conocemos ahora.
El ácido sulfúrico tiene fama de “peligroso”. Esto es porque puede reaccionar de muchas maneras con la materia de nuestro organismo:
Cuando este entra en contacto con nuestros tejidos causa alteraciones a través de los tres mecanismos mencionados, alteraciones que dependen de la concentración del ácido, de las zonas expuestas y del tiempo de contacto del ácido con nuestros tejidos. Las formas más diluidas “pican un poco” y puede que dejen una pequeña lesión si no las retiramos con rapidez, pero las formas concentradas pueden causar úlceras o daño permanente. Cuanto más concentrado está el ácido, más peligroso resulta y con más precauciones hay que trabajarlo.
Puedes consultar más sobre los mitos y realidades de ácidos y álcalis en este enlace.
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